La apuesta de Celco para ganar la "guerra del ducto"
Divide y vencerás
Celulosa
Arauco pretende sacar un ducto que lleve desechos industriales al mar
en una zona de áreas protegida por ley en la bahía de Mehuin, en la
costa de Valdivia. Es la alternativa del monstruo de la madera luego
del desastre ecológico de 1998 en el río Cruces. Dada la oposición que
encontró, la firma “convenció” a muchos usando la más efectiva de las
armas: el dinero.
Texto y fotos: Marcelo Garay V.
La Nación Domingo
En
la caleta de Mississippi, frente a Mehuin, los niños juegan a pegarle a
los "vendidos". Marcelo, de 8 años, dice que hay que hacerlo porque
"son malos y andan con metralleta". Como señal de su actitud, el
pequeño carga un palo con gancho en la punta y advierte que con eso se
defenderá de quienes han agredido a sus padres que se oponen al
proyecto de la empresa Celulosa Arauco-Constitución (Celco). El
millonario proyecto requiere varios Estudios de Impacto Ambiental
(EIA), cuya ejecución debe aplicarse en una vasta zona de áreas de
manejo (tramos de costa que por ley son controlados por organizaciones
de pescadores artesanales) de las distintas caletas y pueblos, desde
Tirúa, en el límite de las regiones del Biobío y de la Araucanía, hasta
Corral, en Valdivia. El conflicto ha sido considerado como un tema
"entre privados" por las autoridades regionales.
La
llamada "guerra del ducto" tiene su origen a mediados de la década de
los noventa, cuando Celco inició gestiones para la construcción de la
planta de San José de la Mariquina, en Valdivia. Pese a la fuerte
oposición que desató en su momento, la construcción del complejo
maderero pudo materializarse. Las consecuencias quedaron a la vista
pocos años después, cuando en 1998 una descarga de residuos
industriales (riles) contaminó el santuario de la naturaleza Carlos
Andwandter, en el río Cruces. El hecho colocó a Celco en el ojo del
huracán y puso en tela de juicio su "prestigio".
Desde
entonces las críticas llovieron sobre el accionar de la firma. Sus
faenas fueron suspendidas, temporalmente, y se redujo en un 20% su
producción. Tras una modificación legal, en 2005, bajo el Gobierno de
Ricardo Lagos, se obligó a Celco a bajar su producción y buscar
alternativas para la descarga de riles, diferentes al mar, que no
fueran afluentes de los caudales valdivianos.
"Sin
decirlo, lo que hizo la Corema fue cerrar todos los caminos a Celco
para que optara por el mar. Eso fue ratificado por el ex Presidente
Lagos, quien durante una visita a Valdivia dijo: propongo el mar",
recuerda el pescador artesanal Eliab Viguera, férreo opositor al ducto,
hoy bajo protección policial por amenazas de muerte.
Enfrentado
a ese escenario, Celco inició de inmediato los estudios para llevar los
riles al Pacífico. Tienen plazo hasta abril de 2009, pero fuentes
consultadas por LND señalaron que "bajo cuerda" existiría una
prolongación de ese plazo fatal, "para dar tiempo a Celco". El gerente
de asuntos públicos de la planta Valdivia, Ángelo Romano, se excusó de
atender a LND por su apretada agenda. Sin embargo, en declaraciones al
"Diario Austral", reconoció que la empresa requiere
aumentar la
producción que por mucho tiempo estuvo a un 80%. "La mejor alternativa,
desde el punto de vista técnico, es el ducto", dijo Romano.
EL PODER DEL DINERO
Una
vez aceptada la alternativa del mar, Celco inició gestiones para
alcanzar "acuerdos" con sindicatos de pescadores y distintas
organizaciones de trabajadores del mar. La idea era concretar una
"alianza estratégica" que "nos permitiera vivir adecuadamente", a decir
de sus ejecutivos. No obstante, Celco encontró gran oposición de los
habitantes de la zona. Pero esa mancomunada oposición que nació en el
pueblo de Mehuin y sus alrededores, incluida la caleta de Mississippi,
fue decayendo y sufrió la estocada mortal a mediados de 2007, cuando
Celco encargó al presidente del Club de Deportes Valdivia, Jorge
Salazar, gestionar acercamientos con organizaciones de pescadores.
En
octubre de 2007 los emisarios de Celco consiguieron que el presidente
del Sindicato Número 3 de Pescadores Independientes de Mehuin, Joaquín
Vargas, hasta entonces un duro opositor al proyecto, comprometiera su
apoyo a la realización de los primeros EIA. Se firmó un "Convenio de
Colaboración y Asistencia Recíproca", que implicó el pago de bonos para
quienes firmaran el documento. Los estudios estarían a cargo de la
empresa Arcadis, externa a Celco.
Según
el documento, al que LND tuvo acceso en Mehuin, el acuerdo permitiría a
"la Sociedad" (así se hace llamar Celco en el contrato) "hacer uso de
los espacios naturales de Mehuin, especialmente la playa y el mar
adyacente o territorial, todo de acuerdo a la normativa legal y
reglamentaria aplicable". A cambio se entregarían "aportes en dinero".
La
apuesta compradora le significó a Celco desembolsar unos 10 millones de
dólares. La idea, dice el documento, es "trabajar en pleno espíritu de
colaboración en los estudios y mediciones, en particular aquellas a
realizar en invierno y verano, que resulten necesarios para explorar la
factibilidad de construir y operar un emisario submarino de propiedad
de la Sociedad, en el área de la bahía de Mehuin".
La
ofensiva de los ejecutivos de Celco dio sus frutos y consiguieron las
primeras firmas. Se quebró la resistencia a las pretensiones de Celco,
como ocurrió con el propio Joaquín Vargas, que arengaba, en YouTube,
que "por ningún motivo entregarían el mar". El 9 de octubre de 2007,
Vargas estampó su firma en el convenio.
Para
Eliab Viguera, Celco hizo en Mehuin lo mismo que en otras zonas del
país, como cuando buscaba llevar un ducto para descargar desechos desde
la planta Nueva Aldea. Entonces, eligió una zona de área de manejo bajo
administración del sindicato Los Perales, cerca de Dichato.
RIBERAS PELIGROSAS
Mehuin
significa "cagada de pájaros". Antes de ser habitado, sus roqueríos y
playa eran el "baño" de las aves marinas. Hoy, para sus habitantes, "el
nombre que le hace honor a una bahía libre de contaminación", como
ostentan sus muros y restaurantes, se volvió una literalidad. Amigos de
antaño ya no se hablan y lindan en el odio. Lo mismo ocurre con
familias que se enemistaron por haber negociado. De un lado, están los
opositores al ducto y, del otro lado, "los vendidos". El eje del
conflicto se ha situado del otro lado de la ribera, en la caleta
Mississippi. Muchos de los que viven ahí no cruzan a la caleta de
Mehuin, por las amenazas. "Estuvimos unidos hasta que la empresa
comenzó a hacer ofrecimientos de dinero", dice un dirigente.
Tenso
es el aire que se respira en la caleta Mississippi, desde que
pescadores de Mehuin y de la propia caleta, que apoyan la idea del
ducto, atacaron a pedradas y tiros de escopeta a un grupo de pescadores
de comunidades lafquenches del Comité de Defensa del Mar. La trifulca
no sólo terminó con varios lesionados y un detenido (opositor al
ducto); las piedras, los insultos y las duras amenazas sellaron una
división que había comenzado a fraguarse en octubre, cuando aparecieron
los convenios a firmar y las tentadoras ofertas de dinero de Celco que
"consiguieron comprar conciencias", según los opositores al ducto.
Las
confianzas se han quebrado para siempre. En Mississippi, una aldea
donada por el Gobierno de EEUU, tras el terremoto de 1960, un
contingente de Fuerzas Especiales ocupa la escuela rural, luego de los
incidentes de principios de abril. Los policías dan calma a los
"vendidos", que acusan a los opositores de ser violentos y
provocadores, mientras estos últimos ven con desconfianza la inédita
presencia policial que hoy mantiene una casi falsa tregua. "Qué importa
que hayan pintado el colegio y limpiado la campana. Nuestro hijos no
quieren ir a clases, tienen miedo", dice una mujer.
TREMENDO NEGOCIO
Mientras,
en Mehuin, del otro lado del río Lingue, se murmura mucho ante la
presencia de "afuerinos", y sobre todo si se trata de "la prensa".
Algunos comerciantes han sido obligados a cerrar, como ocurrió el día
de los incidentes, pero se niegan a reconocerlo. "No hay que meterse en
problemas", dicen. "En caleta Mehuin hay muchos que están en contra del
ducto, pero están pasivos, porque están atemorizados, ya que han sido
amenazados", dice Javier Quilapán, dirigente lafquenche.
"Los
que negociaron y encabezaron el ataque contra la sede son una mafia de
dirigentes que vendieron sus sindicatos por millones de pesos. No
tienen tradición, son colonos, llegaron aquí con una mano adelante y
otra atrás. Aquí la misma gente les dio trabajo, el aprendizaje del
trabajo del mar, y así nos pagan", refuta Isabel Paillán, mujer
lafquenche de la caleta Maiquillahue.
Los
que negociaron se defienden y aseguran que firmar el convenio fue una
decisión libre e individual, que no tiene nada que ver con que el ducto
se construya. "Yo firmé el convenio para que se haga el estudio, pero
el ducto no va a llegar al mar, nosotros vamos a oponernos", asegura el
pescador Carlos Jéldrez.
Sus declaraciones
parecen contradictorias para los que conforman el comité, para quienes
el solo hecho de firmar el convenio de los estudios es "dar la pasada
al ducto". Tan contradictorias como el arrepentimiento de la dirigenta
Maribel Agüero, una muchacha de 24 años que posee un pequeño negocio en
lo alto de la caleta. Ella reconoce que firmó y que con los 4,5
millones de pesos que recibió compró bienes y ha paseado con su
familia. Ahora piensa en construirse una casa en el "tremendo negocio
que va a ser cuando Celco quiera construir el ducto. Porque yo le creo
a Celco. Pero sí estoy arrepentida, sé que somos los malos de la
película, por ser los vendidos, como nos dicen".
Domingo 20 de abril de 2008
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Fuente: La Nación